sábado, 17 de febrero de 2018


Pintores y escultores universales
PAUL CÉZANNE
Padre de la pintura moderna

“Es tarea difícil escribir una biografía del  pintor francés Cézanne, a quien los inteligentes han dado en llamar, “padre de  la  pintura moderna”. Acabamos de escribir la palabra difícil, a la cual es, preciso  añadir  la  de  ingrata.  En  la  vida  del  célebre  pintor  que intentamos retratar no hubo aventuras, luchas espectaculares, altibajos económicos, viajes ni anécdotas, pues, desde el primer regreso de París para refugiarse en la quietud y soledad provincianas  de  Aix de Provenza, comienza su gran lucha interior por el dominio de la pintura, lucha que prosigue sin descanso hasta la muerte, señala uno de sus biógrafos Julian Amich Bert.
Cezanne llego a ser el pintor más famoso del siglo XIX, pero, a no ser por su privilegiada posición como hijo único de un acaudalado banquero de
Los jugadores de cartas
Aix, sus parientes, sus amistades capitalinas y sus coterráneos de provincia lo hubieran tratado como a un idiota, dado lo difícil de su carácter. El pintor de quien Renoir dijo que no  podía juntar dos colores sin producir efectos notables, era tan extremadamente sensible que se le apodó "el hombre sin piel". No hay mejor ejemplo del divorcio total entre el artista moderno y el público que  la  continua  hostilidad con que se topó Cézanne a lo largo de su carrera. Este insigne maestro tuvo  que sufrir  una  y otra  vez  el azote de la crítica hasta el punto de que, entre  todos los  pintores rebeldes de su época, fue el blanco de los más virulentos ataques.
Nació en Aix-en-Provence, Francia, en 1839. Su padre tenía sangre italiana y procedía de una familia oriunda de Cesena. Su madre, de ascendencia criolla, había  sido sirvienta en la opulenta casa de los Cézanne, y según el crítico  francés Tristan Klingsor "no se casó con el padre del pintor hasta el año de 1844". La época más feliz de la vida de Cézanne (o, mejor dicho, su única época feliz) fue la  de sus primeros años, transcurrida en Provenza, por cuyos campos paseaba, en compañía de Emilio Zola, lleno de esperanzas y de sueño s de gloria. El astuto  Zola  abrigaba la ambición de escribir, mientras Cézanne, que había decidido su vocación con una caja de colores  comprada por el padre a un buhonero, hablaba de Rubens y el Veronés.
Patio del pueblo
Sin ser un muchacho torpe, no fue ciertamente un prodigio. Ganó el segundo  premio  de  dibujo  en  el  Museo de Aix y, venciendo la oposición paterna,  marchó  a  París a los veintidós años  de edad  para  seguir  el  ejemplo de Zola, que le había precedido. Allí empezaron sus dificultades. Como suele ocurrir a los que padecen de excesiva timidez, trataba de ocultar sus temores con súbitas explosiones de mal genio. Para mostrar su desprecio por el convencionalismo de! arte capitalino, adopt6 un aire jactancioso y bohemio, y renegaba acremente de los jurados del célebre Salón de exposición anual parisiense.
Suspendido en los exámenes de admisión de la Escuela de Bellas Artes, Cezanne asistió irregularmente a una academia más liberal y pasa mucho  tiempo  haciendo copias en el Louvre. Durante diez años dedicados a ensayar innovaciones para las cuales tenía escasa aptitud, pareció no llegaría a ninguna parte. Con todo, sus frustrados afanes no carecían de mérito; jamás fue superficial; tenía además el instinto  de! colorista nato.
Sus penosos tanteos, sin embargo, no le ganaban  la  aprobación de los  jurados,  y avanzaba  a  paso de tortugas. Paris lo deprimía.  Para robustecer su idealismo  volvía todos los años a Provenza, a pintar el solo en los dominios de  su padre. Durante la guerra franco-prusiana (1870-1871) se centró mayormente en la pintura al aire libre. Por  esa época se casó con una mujer de Aix, fea y de escaso talento que sin embargo parece haber sido para él una excelente esposa. Desde luego que no tenía ni la más remota idea de  lo que  anhelaba  su  esposo,  pero  ¿acaso había alguien que  lo supiera?  Ella  se quedaba muy conforme en su casa mientras el artista se iba de temporada a París o giras pictoricas con sus colegas. No deja de extraño que un hombre como Cezanne se haya sometido al yugo de! matrimonio, y más aún que haya tenido un hijo.
Casa del ahorcado
Poco después se retiró definitivamente Cézanne a sus propiedades en Provenza. Fue tal vez el más solitario de los pintores modernos. Su amistad con Zola había terminado hacía mucho tiempo y los habitantes del pueblo le sacaban el cuerpo. Era, como él decía, pintor solamente; profundo en materia de arte, pero ingenuo en otros órdenes del pensamiento y falto de independencia intelectual. A veces caía víctima de una curiosa melancolía. En sus últimos años iba con tanto fervor al campo para pintar en el lienzo, como lo hacían sus vecinos para sembrar la tierra y recoger las cosechas; pero la bondad de sus frutos era menos tangible. Con el tiempo aumentó la dificultad que tenía para "dar realidad a sus sensaciones" (según expresión del pintor), y su nerviosismo llegó a ser casi patológico. Se levantaba a cualquier hora de la noche y asomaba por la ventana su cabeza calva de socrática fealdad, en la esperanza de poder contar a la mañana siguiente con un día gris, que a su modo de ver constituía el tiempo ideal para la representación de sus sensaciones. Tornándose cada vez más exigente, destruía los lienzos que no le gustaban, los tiraba contra los árboles por la ventana de su taller, los abandonaba en los campos o se los regalaba a su hijo para que los cortara a manera de rompecabezas, o a sus vecinos de Aix, que no podían menos que aceptarle el regalo al gran terrateniente. "Soy como un hombre -se lamentaba- en posesión de una moneda de oro y sin saber a qué dedicarla".
Bodegon
Que su arte era oro de ley no se puso de manifiesto, y aun eso entre unos pocos conocedores,  hasta  principios del siguiente siglo. Cuando Vollard llegó  a  Provenza  con la intención de comprar cézannes, los  aldeanos,  enterados de que andaba por allí un  parisiense  loco  dando dinero por pinturas viejas, sacaron de graneros y desvanes un número considerable de naturalezas muertas y paisajes por los cuales pedían hasta 150 francos. El viejo maestro de Aix se  sintió  abrumado de felicidad.  ¡Al" fin  su obra causaba al menos una ligera sensación! Pero el reconocimiento llegó demasiado tarde.
Entre sus pinturas se destacan: “Los jugadores de cartas”, “La casa del ahorcado”, “Patio del pueblo”, “La estaca”; “Bodegón” y “Paisaje”.
Murió el 22 de octubre de 1906 de una fiebre que contrajo mientras pintaba bajo un aguacero.

Fuentes bibliográficas:
-Biografía de Thomas Crave, en los grandes pintores y sus obras maestras,
de Selecciones del Reader´s Digest
- Breves biografías intimas de grandes pintores, de Editorial Molino.
Fotografía: Cortesía de: Famous Biographies.
Obras de arte:

-Cortesía de Pinterest. Ritmos 21. http://es.wahooart.com. Aliexpress.

viernes, 16 de febrero de 2018


El libro de la semana

EL HOMBRE QUE CAMBIO A CHINA,
de Pearl S. Buck


 Sun Yat-Sen, caudillo y fundador de la Primera República china, cuya presidencia fue efímera, es una de las figuras más interesantes de la Historia contemporánea china.
La antigua y extensa China estaba madura para un cambio “El dragón durmiente” la llaman sus vecinos; pero el dragón se sentía incómodo y comenzaba a despertar.
¿Qué era China hace ciento cincuenta años?
Era el país más extenso del mundo, con excepción de Rusia, y una tercera parte mayor que los Estados Unidos de Norteamérica. Era el país más antiguo de la tierra y la tierra más variada de este mundo: eso era China.
Mucho antes del descubrimiento de América, otros pueblos de Asia y de todo el mundo conocido sentían admiración por China y por su noble civilización: una civilización tan maravillosa que hacía innecesarios los ejércitos y la armada.
Más de una vez habían logrado gobernar Pekín conquistadores extranjeros, pero los chinos no necesitaban luchar. Sabían que con el tiempo, en realidad muy corto, su superior civilización se imponía sobre los colonialistas extranjeros por las armas. El factor tiempo contaba siempre a favor de China. Y cuando llegaban a vivir al país, terminaban por hacerse chinos.
Sun Yat-Sen, quien años más tarde gobernaría a China, cerca de los dieciséis años de edad, dejó el hogar de sus padres y se fue a vivir a Honolulú. Había aprendido la cultura americana mientras estudiaba Ingles y ciencias en una escuela del Obispo, y observó que los hawaianos abandonaban muchas de sus más arraigadas y antiguas supersticiones. Cuando regreso a casa de sus padres y vio que estos aún creían en los dioses de los templos, se enojó mucho con ellos. Pensó que la aldea estaba atrasada e ignoraba la ciencia, y creyó que la supersticiosa religión de la gente la había vuelto así.
Igualmente Yat-Sen de dijo a su padre Hao Tung: la  China debe tener un nuevo gobierno, un gobierno verdaderamente chino, compuesto de hombres buenos que cuiden del pueblo y que hagan obras de infraestructura para que nuestro país vuelva a ser fuerte.
Era un sueño de los jóvenes que habían viajado fuera de China y sentían una gran impaciencia por convertirlo en realidad.
Yat-Sen no llegó a ver unido a su pueblo, cambió para siempre aquel enorme país al que se había entregado de todo corazón. Si hubiera vivido ¿habría conseguido realizar su sueño?
Hoy el pueblo chino vive bajo una sombra. La China libre y unida parece verse hoy más remota que nunca. Pero aquel sueño vive aún en los corazones de su pueblo.
Así vivió y murió un gran hombre: Sun Yat-Sen.
La autora relata en este libro la inquietante, azarosa y fructífera existencia de tan destacado personaje y, al mismo tiempo, nos informa de su entorno, de una de las circunstancias que han repercutido en la política mundial por más de cincuenta años.

SOBRE LA AUTORA
Pearl S. Buck -cuyo verdadero nombre era Pearl Comfort Sydenstrycker-, es una escritora estadounidense,  era hija de misioneros americanos en China, a donde fue llevada con tres meses de edad.
Recibió clases de su madre y de un tutor chino, y en 1911 marchó a Estados Unidos durante cuatro años, graduándose en el Macon Randolph College de Virginia. A su vuelta, Buck se casó, y se estableció en Nanking, dando clases de Literatura Inglesa en la Universidad de Nanking y en la Universidad Nacional China.
Como redactora, Buck publicó en diversos periódicos y revistas como Chinese Recorder, Asia, y Atlantic Monthly. En el año 1924 marchó un año a estados Unidos y obtuvo un master en la Universidad de Cornell.
Buck publicó su primera novela en 1930, y cuatro años más tarde, fijó residencia definitiva en Estados Unido, en donde desarrolló la mayor parte de su carrera literaria.
Varias de sus novelas han sido llevada con éxito al cine, y obtuvo en 1932 el Premio Pulitzer y en 1938, el Nobel de Literatura. De entre su obra habría que destacar títulos como “Viento del Este”, “Viento del Oeste”, “La flor escondida o Retrato de un matrimonio”, entre otros.


jueves, 15 de febrero de 2018


Personajes de Venezuela

ARTURO MICHELENA
Venezuela comienza a sonar en otros oídos

Arturo Michelena nace en Valencia, estado Carabobo, en Venezuela, el 16 de Junio de 1863 y muere en Caracas el 29 de Julio de 1898.
Tres nombres resaltan en la pintura venezolana del siglo XIX. El primero, el gran maestro clásico Martín Tovar y Tovar; los otros, Cristóbal Rojas y Arturo Michelena. Ambos estudiaron en París, dejaron obra notable, y ambos fueron dominados por el sino de la muerte temprana. Rojas él los 30 años, Michelena a los 35. Como si presintieran el poco tiempo que les daría la vida, asumieron la creación con apremio.
Michelena nació en el seno de una familia vinculada al arte, lo cual influyó de manera definitiva en su vocación por la pintura. En este sentido, su padre el pintor Juan Antonio Michelena, fue su principal preceptor durante su infancia. Asimismo, su madre Socorro Castillo, era hija de Pedro Castillo retratista y autor de los murales de la casa de José Antonio Páez en Valencia.
En 1874, a la edad de once años, hace su primer autorretrato, que deja muy impresionado al escritor costumbrista Francisco de Sales Pérez, quien se convirtió en su protector, lo eligió para hacer las ilustraciones de su libro Costumbres venezolanas y lo presentó en el círculo de amigos de Antonio Guzmán Blanco con la intención de que le dieran una beca de estudio para el exterior. Así funcionaba entonces la cultura en el país, con eternos gobiernos autocráticos y monocéfalos incapaces de crear estructuras culturales alternativas o de favorecer mecenazgos independientes.
Entre 1879 y 1882, Michelena y su padre abren una Academia de Arte en Valencia, en la cual realizan retratos por encargo.
Durante este tiempo, el joven Arturo Michelena pinta murales, copia cuadros antiguos, elabora retratos infantiles; lo cual será una excelente base de entrenamiento que lo capacita para participar con éxito en el Salón del Centenario, que se celebraba en Caracas, y al que envía su primer lienzo importante La entrega de la bandera al batallón sin nombre (1883), que le hace merecedor del Segundo Premio. En 1885, Arturo Michelena parte a París en compañía de Martín Tovar y Tovar, para inscribirse en la Academia Julián, donde ya figuraban Emilio Boggio y Cristóbal Rojas. En este instituto recibió las enseñanzas del afamado decorador Jean Paul Laurens. Gracias a las recomendaciones de Laurens, Arturo Michelena envía al salón de 1887 un lienzo impactante “El niño enfermo”, con el que gana la Medalla de Segunda Clase y el reconocimiento “Hors concours”, máxima distinción que el salón le otorgaba a un artista extranjero
Para celebrar los 100 años de la Revolución francesa se realizó la gran Exposición Universal. "Arturo Michelena -escribe Francisco Javier Duplat- fue inteligente al escoger el tema.... Charlotte, bella e impetuosa joven de 24 años, había asesinado el 13 de julio de 1793 a Juan Pablo Marat, líder extremista de la Revolución. Fue apresada allí mismo y condenada a m en el patíbulo... ".
La bella francesa que le sirvió de modelo le causó pesares al pintor. Cuando fueron a buscar unas fotografías que se habían hecho juntos para enviarlas a la familia como anticipo de bodas, al salir del taller comprobó que se había ido con otro. Nadie podía confiar en las "modelos" de entonces.
Entre las obras de arte famosas de Michelena se encuentran “Miranda en La Carraca” (1896), “Asesinato de Sucre en Berruecos” (1895), el “Descendimiento” (1897) y “La última cena” (1898). Se especializó en obras histórico-alegóricas, fue autor de cuadros emblemáticos en la cultura venezolana Varias de sus obras quedaron inconclusas.
Hacia finales del siglo XIX muy poca gente en Europa sabía de la existencia de un país llamado Venezuela y menos todavía donde estaba situado. Medio siglo antes había sonado Venezuela por primera vez en el concierto mundial con motivo de las gestas de la Independencia, y los nombres de Francisco de Miranda y Simón Bolívar fueron ampliamente conocidos y aclamados entre la gente culta de entonces.
Uno de los principales méritos de Michelena, aparte de los artísticos, fue el de haber dado a conocer a Venezuela en los ambientes cultos de la Europa de fin de siglo. Se puede decir que él fue el único pintor reconocido en vida fuera de nuestra frontera.
Arturo Michelena regresa a Venezuela luego de haber contraído tuberculosis en París. Por este tiempo se convierte en un retratista de moda y pintor oficial. Pero su salud, cada vez más resentida, apenas le permite dedicarle tiempo a obras ambiciosas como Miranda en la Carraca (1896), Berruecos (1895), el Descendimiento (1897) y La última cena (1898), quedando inconclusas algunas de éstas. Los restos de Arturo Michelena fueron sepultados en el Panteón Nacional el 29 de julio de 1948.

Fuente bibliográfica:
-Biblioteca Biográfica Venezolana, biógrafo Francisco Javier Duplá.
-Biografía y Vidas y Venezuela Tuya.
-Fotografía: Cortesía de Biografía y Vidas


miércoles, 14 de febrero de 2018


Los museos más importantes   del mundo                       

EL HERMITAGE DE SAN PETERSBURGO

El Zar Pedro I de Rusia (Pedro El Grande) hizo construir una ciudad en el delta donde el Neva fluye hacia el Báltico. La ciudad recibió el nombre de San Petersburgo en honor a San Pedro y, por supuesto al propio zar. Los trabajos se iniciaron en 1703; el arquitecto italiano Bartolomeo Rastrelli diseñó los edificios oficiales para la nueva residencia real ubicada sobre 44 islas y dividida por más de 60 canales.
La construcción demoró mucho tiempo y el diseño de Rastrelli concluyó durante el reinado de la emperatriz Catalina II (Catalina La Grande).
La emperatriz poseía colecciones de arte que había heredado de sus antecesores y reunió sus propios tesoros albergándolos en una pequeña parte del palacio conocida como el pequeño Hermitage.
A partir de la Revolución de Octubre, en 1917, las colecciones pasaron a poder del Estado. Las instalaciones son de un palacio antiguo, y el tamaño y alcance de las colecciones evocan el Louvre de Paris: el Hermitage posee ahora alrededor de 2.7 millones de obras de arte, lo que lo convierte en uno de los museos más importantes del mundo.
En sus salones se encuentran salas que contienen los objetos de arte ruso y en otras secciones muestran la pintura italiana, española, flamenca, holandesa, alemana, francesa e inglesa, desde finales de la Edad Media hasta el siglo XX.
También están expuestas las joyas de la corona de Pedro el Grande. Así como los huevos de porcelana Fabergé.
En el Hermitage se encuentran obras de los moscovista Iván Morosov y Sergei Shchukin, esculturas de Rodin y varios oleos de Paúl Cézanne, Pablo Picasso y Henri Matisse.


                                                             
                                                             Fuente: Enciclopedia Visual.   Oleos: Los Grandes Museos de Europa.

martes, 13 de febrero de 2018


Grandes virtuosos de la música

FRANZ LISZT:
el gran pianista del Romanticismo

Niño prodigo, dandi virtuoso del piano y autor de osadas composiciones, adorado maestro y clérigo laico: “quizás no sería una exageración calificar a Franz Liszt como una de las personalidades artísticas más polivalentes del siglo XIX”, a juicio de Eckhardet van del Hoogen, musicólogo, filólogo e historiador del arte de la Universidad de Colonia, en Alemania.
Cuando Ferenc Liszt (o Franz Liszt en la versión europea del nombre) vino al mundo, hacía solamente dos años que había muerto Hayden; Beethoven y Schubert no sólo vivian todavía sino que incluso tenía por delante más de tres lustros de vida en los que iban a dar lo mejor de su obra.
Franz Liszt nació el 22 de octubre de 1811 en Doborján, en el condado noroccidental de Sopron (Hungría). Sus padres eran el húngaro Ádám Liszt, intendente en la corte de los Esterházy y violonchelista en la orquesta de estos nobles, y Anna Lagen y de origen austríaco. Fue el padre quien guió al joven Liszt en sus primeros pasos en la música, enseñándole a tocar el piano e instruyéndole en las obras de Haydn, Mozart y Beethoven. Con seis años, Franz podía interpretar leyendo a primera vista, y a los nueve hizo su primera aparición pública tocando este instrumento. Impresionados por el talento del niño, un grupo de acaudalados miembros de la corte de los Esterház y le regaló una beca de estudios. Ello le permitió formarse en Viena, donde recibió clases de piano del austríaco Carl Czerny, un discípulo de Beethoven, y estudió composición con el italiano Antonio Salieri. En diciembre de 1822, con once años, ofreció su primer concierto en Viena. Empezó entonces a publicar sus propias composiciones y, de regreso a Hungría, fue aclamado por el público en Pest, Hungría. Junto con la música, la lectura de los Evangelios y el estudio de la vida de los santos se consolidaron con los años como otra de sus pasiones, lo que le llevó a adoptar actitudes místicas en algunos momentos de su vida.
En 1823 acompañó a su padre a París donde intentó ingresar en el Conservatorio de la ciudad, pero fue rechazado por el director Luigi Cherubini, quien alegó la imposibilidad de admitir a alumnos extranjeros. No obstante, tomó lecciones con Ferdinando Paer, compositor de óperas italiano, y con Anton Reicha, compositor y teórico checo-francés, también maestro de Berlioz y de César Franck. Tras una gira por Inglaterra, regresó a París y, con tan solo catorce años, estrenó la que es su única ópera, “Don Sancho o El castillo del amor”. La capital francesa se convirtió durante más de una década en el centro de sus múltiples actividades artísticas y de su intensa vida social. Conoció y frecuentó a Frédéric Chopin, por el que sentía genuina admiración; a la escritora George Sand, quien se enamoró de él; al compositor Felix Mendelssohn; al poeta, novelista y dramaturgo Víctor Hugo; al pintor Eugene Delacroix y a un largo etcétera de artistas e intelectuales. En 1832 asistió a un recital del violinista Niccolo Paganini, que le inspiró la ambición de alcanzar como pianista su mismo nivel de virtuosismo. Cinco años después acontece un episodio célebre, ilustrativo tanto del gran nivel que alcanzó como intérprete como de su gusto por los fastos sociales. En esa época se había instalado en Ginebra en compañía de la condesa Marie d'Agoult, y en uno de sus viajes a París descubrió que un nuevo talento pianístico, Sigismond Thalberg, se jactaba públicamente de superarlo en maestría. Liszt convenció a una de sus admiradoras, la princesa Belgioioso, para que apadrinara un duelo pianístico entre los principales intérpretes del momento. El 31 de marzo de 1837, ante un público de entendidos compitieron, además de Liszt y Thalberg, Chopin, Peter Pixis, Czerny y Henri Herz. El dictamen fue unánime: el joven húngaro los aventajaba a todos.
Una vez consolidada su reputación de virtuoso, decidió iniciar una gira de conciertos en 1839, inicialmente con la intención de recaudar fondos para la construcción de un monumento a Beethoven en Bonn (Alemania). Durante siete años ofreció recitales en las principales ciudades, desde Inglaterra a Turquía y desde Portugal a Rusia, que lo convirtieron en el músico más conocido y adamado de su  tiempo.  Su  faceta de gran pianista rayó a veces con el  histrionismo, una tendencia que contribuyeron a agrandar los rumores de aquel entonces, que se referían a Liszt como un mujeriego y un pretencioso,  y su dominio  de cómo agradar al público, su capacidad de asombrar y levantar aplausos. A pesar de las excentricidades de su juventud, Liszt se considera el precursor del recital para piano y el principal renovador de este instrumento del siglo XlX.  Tras alcanzar la cúspide, en 1848 anunció que se retiraba de los escenarios. Se instaló a continuación, en compañía de la princesa rusa Carolyne Sayn-Wittgenstein, en Weimar (Alemania), donde ocupó el puesto de maestro de capilla de la corte que ostentaba honoríficamente desde 1842, con la intención de dedicarse preferentemente a la composición. De esta época datan sus obras más famosas (los dos conciertos para piano, la “Totentanz” para piano y orquesta, y las sinfonías “Dante y Fausto”), así como sus innovadores "poemas sinfónicos", y una intensa actividad como director de orquesta y divulgador de obras de otros compositores.
Como maestro y promotor de jóvenes talentos, se convirtió en el portaestandarte de la "nueva escuela alemana''. Dio clases a más de 400 alumnos, compuso unas 350 obras e intercambió correspondencia con decenas de personalidades de su época.
Franz Liszt vivió en Weimar hasta 1861 en compañía de la princesa Carolyne y después se trasladó a Roma, donde estudió teología. La pareja se deshizo en 1863, y a partir de esa fecha Liszt se dedicó a componer obras de carácter religioso y litúrgico, como  dos  misas,  las  leyendas para  piano y el oratorio Christus. En 1865 recibió las órdenes menores como abad. Desde 1869 hasta su muerte, ocurrida el 31 de julio de 1886, en Beyreurt, Alemania, residió alternativamente en Roma y Weimar, con frecuentes estancias en Budapest.

Fuentes bibliográficas:
-Historia de la música clásica. Gran selección de Deutsche Grammophon.
-Los grandes Compositores Salvat Editores, José L. García del Busto ,España.
-ABC de la música clásica, de Eckhardt van den Hoogen (161)

     Fotografía: Cortesía de la BBC

lunes, 12 de febrero de 2018



PENSAMIENTOS DE LA SEMANA
El buen humor es un deber que tenemos para con el prójimo. Wallace Stevens (1879-1955) Poeta estadounidense.

BOLIVAR MÁS VIGENTE QUE NUNCA
“la aclamación libre de sus conciudadanos, única fuente legitima de todo el poder humano”. (9-10-1816)

domingo, 11 de febrero de 2018



Protagonistas de la historia

ANWAR SADAT: La paz a cualquier precio

Soldado y estadista egipcio, Anwar Sadat se convirtió en uno de los grandes líderes que promovieron la paz en el turbulento Oriente Medio. Adoptó el heroico papel de buscar un mejoramiento en las relaciones entre su país e Israel cuando se vio que la guerra y el terrorismo no podían dar respuestas duraderas a los problemas que habían agobiado a la región durante tantos años.
Sadat nació el 25 de diciembre de 1918 en Mit Abul Kom, en el seno de una familia campesina, en una aldea a las orilla del rio Nilo, situada aproximadamente a 65 kilómetros al norte de El Cairo, dentro de una zona de ricas tierras cultivables.
La familia Sadat era respetada, principalmente porque el padre, empleado en un hospital militar, había terminado sus estudios primarios.
Aun así, el respeto de sus aldeanos, quienes honraron al padre de Sadat con el título de “efendi” como decir "profesor" o "su señoría"), no significaba ingresos para una familia de trece hijos. A un empleado público no se le pagaba mucho. El joven Anwar vivía como el resto de los niños de la aldea, ayudando con el trabajo de la granja y las tareas domésticas. En la escuela local no fue un estudiante particularmente  bueno. 
Nuestro biografiado creció en un país ocupado por las fuerzas del imperialismo británico. Ya dentro de la actividad política y militar, como alto asesor de Gamal Abdel Nasser, el primer presidente de un Egipto independiente, logró gran prominencia durante los años cincuenta y sesenta. Dirigió los ejércitos del país en la guerra del Yemen y obtuvo una valiosísima experiencia como vocero del gobierno. En 1970, después de la muerte de Nasser, Sadat se convirtió en el segundo presidente de Egipto.
En 1973, después de la tercera y más desastrosa guerra árabe-israelí, Anwar Sadat asombró al mundo con su disposición de negociar directamente con los líderes israelíes. Haciendo caso omiso de la crítica de sus vecinos árabes, ayudó a establecer un marco para la paz en el Oriente Medio, gracias a las negociaciones en Camp Davis. Logró la paz con Israel, lo cual le mereció dicho el Premio Nobel en 1978.

UNA ALDEA EN EL DELTA DEL NILO
Comenta una de sus biógrafos Patricia Aufderheide, escritora estadounidense, que Anwar Sadat estaba orgullosos de haber nacido y haberse criado a orillas del Nilo. Creía que sus orígenes humildes lo calificaban para hablar a nombre de la gran mayoría de los egipcios. Sin dudas llegó a pensar que la historia de su propia vida y la de Egipto eran "la misma cosa", como lo anotó él en su autobiografía: En busca de identidad. Cuando la revista Time lo eligió el Hombre del Año en 1978, se comparó con Abraham Lincoln. "Lincoln también era un aldeano", dijo, "y trabajaba solo".

ESPOSO, SOLDADO Y TERRORISTA
Anawar Sadat se crió con un pie en las antiguas tradiciones aldeanas y el otro en la época moderna crisis. Más tarde expresaría sus sentimientos casi   poética,   al  recordar sus orígenes campesinos.
"Nunca podré perder el camino", dijo en una ocasión, "porque sé que tengo raíces vivas allí, enterradas profundamente en el suelo".
Realmente tenía sus raíces vivas en la familia que dejó atrás   cuando  se  alejó  de  la  vida campesina.
Contrajo matrimonio aproximadamente en la misma época en que inició su carrera militar. Sus padres le buscaron esposa según la tradición egipcia de los matrimonios arreglados. Cuando contaba 24 años ya tenía tres hijas, y también muchas dudas sobre si era adecuado, para un joven   oficial  de un  ejército moderno, la compañía  de una esposa  con  quien se había casado por las costumbres antiguas. Sadat estaba comenzando a darse cuenta de que el propio Egipto, no solamente su ejército, tendría que modernizarse.
Sin embargo, disponía de muy poco tiempo para pensar en problemas matrimoniales. Después de salir graduado de la academia militar, se le envió a un puesto distante, junto con un grupo de otros oficiales jóvenes. Entre ellos había un hombre llamado Gamal Abdel Nasser, de la misma edad de Sadat, y con orígenes similares. También había participado en las manifestaciones públicas. Durante el tiempo  de servicio en la academia militar, estudió batallas de independencia. “En varias ocasiones hemos dicho que vamos a despertar al país del letargo” escribió a un amigo cuando tenía 21 años, “pero, ¡ay! “Hasta el momento nada se ha hecho”

PAÍS ANTIGUO, PROBLEMAS NUEVOS
El 6 de octubre de 1981, todo egipcio sabía que era un día especial. Mucha gente recordaba los acontecimientos de la misma fecha ocho años antes en 1973, cuando las fuerzas militares egipcias lanzaron un sorpresivo ataque y cruzaron el Canal de Suez para capturar nuevamente los terrenos perdidos ante Israel durante la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967. Anualmente se celebraba un desfile militar para conmemorar la gesta.
Comenzó el desfile. Los tanques, jeeps y tropas desfilaron ante él en perfecto orden. De repente las cosas comenzaron a salir terriblemente mal. Uno de los jeeps se detuvo con un chirrido de frenos directamente frente a Sadat. Se bajaron varios soldados y con sus fusiles automáticos hicieron descargas. El presidente Sadat se derrumbó. El líder de un país estaba muerto, asesinado el 6 de octubre de 1981 por fundamentalistas musulmanes. Estaban vengando la paz con Israel.

Chaim  Herzog, sexto presidente de Israel, dijo en una oportunidad “Gracias a la iniciativa del presidente Sadat el Oriente Medio ha sufrido una revolución. Israel tiene una frontera pacífica con Egipto”.

Bibliografía:
Biografía de Anwar Sadat, de Patricia Aufderheide, serie “Lideres del mundo”, Editorial Cinco,
Bogotá Colombia.

Foto: Cortesía de Famous People.