martes, 17 de julio de 2018



Grandes virtuosos de la música

JOHANN SEBASTIAN BACH
una familia dedicada a la música

Johann Sebastian Bach nació el 21 de marzo de 1685 en Eisenach, Alemania.  Pertenecía a una de las más insignes familias de la historia de la música. Su apellido figura unido al noble arte durante doscientos años –desde el comienzo de la guerra de los Treinta Años hasta la mitad del siglo XIX-, habiendo en cada generación varios notables músicos. Sus tíos paternos fueron intérpretes de música sacra para órgano o de música de cámara, o compositores. El padre de Bach, Johann Ambrosius, tuvo a su cargo la organización de los actos musicales de la ciudad.
Antes de cumplir diez años Johann Sebastian perdió a sus progenitores, y a partir de entonces vivió bajo la tutela de su hermano mayor, Johann Christoph, quien se hizo cargo del huérfano y lo llevó consigo a Ohrdruf, - donde se estableció el primer monasterio de Turingia- y donde oficiaría de organista, avalado por el compositor Johann Pachelbel. El cargo le permitió mandarlo al Gymnasium -instituto de enseñanza media-, Bach aprendió el latín.

Período de formación
A los quince años, Johann Sebastian tuvo que empezar a ganarse el pan e ingresó como cantor en el coro de Lüneburg. Sobresaliente lector de partituras, el célebre clavecinista Georg Bohm comenzó a dar le lecciones y le permitía sentarse a su lado cuando tocaba el órgano. Algunos fines de semana, Johann Sebastian viajaba a Hamburgo, donde el veterano organista Reinken lo ayudaba a perfeccionar su técnica organística y además le hablaba de un nuevo sueño que algunos músicos germanos comenzaban a acariciar: crear una ópera alemana. Enamorado de Alemania, al igual que de la música, Reinken lo envió a Celle, donde el regente, casado con una noble francesa, intentaba recrear la atmósfera de Versalles. Allí, Johann Sebastian Bach conoció la música de cámara francesa y, en especial, la ópera gala, donde proliferaban los Apolos y las Afroditas. A los dieciocho años, el joven Bach aprendió que el mundo estaba poblado no sólo por mártires y santos.

Bach y su obra
Como hombre y como artista, Johann Sebastian Bach se caracterizó por su gran vitalidad. Así como fue padre de veinte hijos a través de dos matrimonios -siete con la primera esposa y trece con la segunda-, legó a la posteridad más de mil composiciones, además de las incontables que se han perdido. Del mismo modo, abarcó casi todas las formas musicales del Barroco, salvo la ópera, y simplemente porque no le interesó.
Aunque no fue deliberadamente rupturista con los cánones de su tiempo, llegó a dominar las técnicas y los esquemas compositivos  de su época, creando las condiciones para el cambio que posteriormente llevaron a cabo Haydn y Mozart. Después de Bach, todo lo que sobrevino tuvo su impronta.
Es cierto que no alcanzó en vida el reconocimiento que habría merecido, teniendo en cuenta su obra completa (su hijo Carl Philipp Emanuel fue mucho más famoso), pero los conocedores y amantes de la música siempre supieron lo que tenían entre manos.

Tiempos de afianzamiento
En 1708, Bach hizo las maletas y se marchó a la ciudad de Weimar, donde el piadoso duque Wilhelm Ernst le ofreció el órgano de su corte y el título de músico de cámara. En Weimar, a lo largo de nueve años, Bach compuso sus más importantes obras organísticas,  como la famosa  Tocata  y fuga en  re menor  y la monumental  Passacag!ia  en do menor, además de 35 cantatas.
En 1717, siempre seguido por su familia, Bach se marchó a Kéithen, ciudad de la provincia de Anhalt, donde entró al servicio del príncipe Leopoldo. El noble recibió a Bach con todos los honores y le confió la dirección de su orquesta. Para el organista se inició una de las etapas más prósperas de su vida. Tuvo a su disposición todos los instrumentos de la época, incluso aquellos que constituían la gran novedad del siglo: el pianoforte, que acababa de fabricar el italiano Bartolomeo Cristofori y el clarinete, desarrollado por Johann y Jacob Denner de Nüremberg.
Sin embargo, en Kóthen, la residencia de Sajonia fue donde Bach alcanzó su más alto estatus social en su condición de maestro de capilla de la corte, pudo vivir y crear sobre terreno fértil desde 1717 hasta 1723. Muchas de sus obras instrumentales provienen de ese periodo.

La obra organística
A lo largo de su vida, el órgano fue el instrumento preferido de Bach. Mucho antes de ser admirado como compositor, fue reconocido como organista. El órgano que utilizaba era muy modesto en el número de registros y austero en cuanto a sonoridad.
Enviado por su protector, Bach hizo viajes a Halle, a Kassel y a Dresde. En esta última ciudad residía el músico francés Jean Louis Marchand, quien no tenía reparos en proclamarse el mejor organista de Europa. El también francés Jean Baptiste Volumier organizó un duelo entre ambos: cada uno debería desarrollar un tema propuesto en el acto por su oponente. Bach se presentó en el día y la hora convenidos. Unas horas antes, sin dar explicaciones, Marchand se había ido a París. El triunfo expandió la fama de Bach por el continente..

Los Conciertos de Brandenburgo
En octubre de 1718, Johann Sebastian Bach se desplazó a Berlín para buscar un nuevo clave con destino a la capilla musical de su patrón Leopold de Anhalt. Fue entonces cuando, aprovechando su estancia en la capital prusiana, el margrave Christian Ludwig de Branden­ burgo, atraído por su fama de virtuoso del teclado y de excelente improvisador, le pidió que ofreciera un recital en su palacio, cosa a la que Bach accedió gustoso y le pidió una obra con destino a su propia capilla musical. De ser así, ése podría haber sido el origen de los llamados Conciertos de Brandenburgo.
 En 1749, un ataque de apoplejía le afectó la vista y, aunque el médico inglés John Taylor lo operó dos veces, el maestro de Leipzig se quedó completamente ciego. La música, sin embargo, continuaba bullendo en su interior y le dictaba a su yerno Altnikol la notación de las partituras.
El 28 de julio de 1750, a las ocho y cuarto de la noche, sus últimas palabras fueron las del salmistas: “Y así me presento ante su Trono”

La saga del maestro
Los hijos de Johann Sebastian Bach continuaron la saga. Wilhelm Friedemann (1710-1784), el primogénito, pese a su fama de alcohólico y disoluto, fue maestro del clave y eximio organista. Carl Philipp Emmanuel Bach (1714-1788), quinto hijo de Johann Sebastian, se inspiró en el bel canto italiano para renovar la melodía  de la sonata y anticipó, de este modo, el Romanticismo. La  música  de  Johann Christoph Friedrich Bach (1732-1795), el noveno hijo, sorprende por su afinidad con la de Mozart. Johann Christian Bach (1735-1782), el último vástago, se convirtió al catolicismo y al estilo galante del Rococó.

Fuentes bibliográficas:
-Historia de la música clásica. Gran selección de Deutsche Grammophon,
-Grandes compositores, Editorial Sol 90, Barcelona, España.
-Grandes Compositores Salvat Editores, José López-Calo, Pamplona, España.
-El Mundo de la Música, Guía Musical, Espasa-Calpe
-ABC de la música clásica de Eckhardt van den Hoogen (22)      
Fotografía: Cortesía de Enciclopedia Salvat de Los Grandes Compositores.


sábado, 14 de julio de 2018



Protagonistas de la historia

ERNEST HEMINGWAY:
creador de un estilo literario crudo y realista

Ernest Miller Hemingway, escritor estadounidense, nació en Oak Park, Illinois, en el año 1899. Estudió en el Oak Park and River Forest High School, donde aprendió a tocar el violonchelo y formó parte de la orquesta. Se interesaba también por el boxeo y peleaba con sus compañeros en los descampados. En los estudios se destacó en Lenguas, pero sentía apatía por las otras asignaturas. Mostró sus aptitudes literarias en el diario escolar, usando el alias Ring Lardner, Jr.
 Al acabar sus estudios, en 1917, no quiso ir a la Universidad, como deseaba su padre, ni perfeccionar sus estudios de violonchelo, como le hubiera gustado a su madre. Se trasladó a Kansas y en octubre de 1917 comenzó a trabajar de reportero en el Kansas City Star.
Tras enrolarse voluntariamente en la Cruz Roja durante la I Guerra Mundial, como conductor de ambulancias. Volvió de Europa herido y condecorado, y se reincorporó a su trabajo de periodista, esta vez en él Toronto Star, periódico con el que realizó su primer viaje a París, y alternó con las vanguardias y conoció a E. Pound, Pablo Picasso, J. Joyce y Gertrude Stein, la mayor parte del grupo de escritores que, incluido él, pasaría a la posteridad bajo el nombre de la generación perdida. Participó en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial como corresponsal, experiencias que luego incorporaría a sus relatos y novelas.

Un trotamundos incansable
A lo largo de su vida, Hemingway viajó constantemente: Francia, España, Italia, África, y Norteamérica. Prácticamente todas sus obras recogen sus experiencias personales en estos viajes, incluso las adquiridas como corresponsal en la guerra civil española y la II Guerra Mundial. En 1953 le fue concedido el premio Pulitzer por su novela “El viejo y el mar” y al año siguiente sería galardonado con el premio Nobel. Hemingway, creador de un estilo literario crudo y realista - que, en cierto modo, puede catalogarse de periodístico-.
Su labor como periodista lo había influido estéticamente en sus obras, pues lo obligó a escribir frases directas, cortas y duras, excluyendo todo lo que no fuera significativo. Su propio periodismo, por otra parte, también influyó en el reportaje y las crónicas de los corresponsales futuros.
La mayor parte de sus escritos plantea a un héroe enfrentado a la muerte y que cumple una suerte de código de honor; de ahí que sean matones, toreros, boxeadores, soldados, cazadores y otros seres sometidos a presión. Su obra es considerada clásica en la Literatura del siglo XX, y ha ejercido una notable influencia tanto por la sobriedad de su estilo como por los elementos trágicos.

Un final desconcertante
A partir del Nobel, Ernest permanece retirado en su casa de Cuba, desde donde realiza algunos viajes. Visita, sobre todo, España y publica en la revista “Life” un relato de toros que levanta una gran polvareda polémica a raíz de los juicios vertidos sobre el torero “Manolete”.
Su salud se va resquebrajando, pero, por encima  de todo, Ernest sostiene la traza  de  duro  aventurero  y finge una reciedumbre física que está muy  lejos  de tener.
Y un día de julio de 1961, la prensa de todo el mundo publica una noticia sorprendente. Un hombre  de  sesenta años, ampliamente  favorecido  por  la  fortuna  en el aspecto económico, que posee una casa en las Sawtooth  Mountaíns  de  Idaho,  donde  caza  en  invierno, un piso en Nueva York, una finca de recreo  en Cuba, otra en Key West, un magnífico  balandro  para  pescar en el Gulf Stream y habitaciones reservadas permanentemente en los hoteles el Ritz, de París, y en el Gritti, de Venecia, pone fin  a sus  días. Ernest Hemingway  se ha suicidado.
A las siete de la mañana del 2 de julio de 1961 en su casa de Ketchum, Idaho, Ernest se levanta y, todavía en pijama, toma su fusil preferido, introduce los dos cañones en su boca y se vuela la cabeza de un disparo.  Las  crónicas  reseñan  que  el  día  anterior  a su muerte, Hemingway no parecía deprimido y había tarareado con su mujer una vieja canción italiana, «Tutti mi chiamano bionda». Las conjeturas se multiplicaron, salió a colación el recuerdo del padre, muerto en parecidas circunstancias, se especuló con que la fidelidad al personaje que había representado durante toda su vida  le  había  impuesto  este  final, se  admiró su renuncia a vivir en condiciones de disminución física.
Entre sus obras se destacan: The Torrents of Spring (1926) - Fiesta (The Sun Also Rises) (1926) - Adiós a las armas (A Farewell to Arms) (1929) - Las verdes colinas de África (Green Hills of Africa) (1935) - Tener y no tener (To Have and Have Not) (1937)
Por quién doblan las campanas (For Whom the Bell Tolls) (1940) - Al otro lado del río y entre los árboles (Across the River and into the Trees) (1950) - El viejo y el mar (The Old Man and the Sea) (1952). Premio Pulitzer en 1953 y Nobel en 1954  - Hombres en guerra (Men at War) (1942). Antología - Muerte en la tarde (Death in the Afternoon) (1932) - El cabaret de Angela Swarn (1939) - The Wild Years (1962). Recopilación - París era una fiesta (A Moveable Feast) (1964), entre otras.

Fuente bibliográfica:
-Biografía de Anthony Burges sobre Hemingway, de Salvat Editores, Barcelona, España.
-Biografía completa de Ernest Hemingway, de Antonio Bernabeu, de Inrico Europea Edicciones
y en la website elresumen.com/biografia.
Fotografía: Cortesía de A&E's Biography

jueves, 12 de julio de 2018




El  libro de la semana

LOS BORGIA, de Mario Puzo


Mientras la implacable peste negra asolaba a Europa, una nueva cultura empezaba a florecer en las ciudades y el estudio de las grandes civilizaciones clásicas iniciaba una época de esplendor para las artes, las letras y las ciencias. En Roma, la restauración de un único trono papal auguraba una nueva etapa de poder y fausto del papado, pero al mismo tiempo la corrupción amenazaba a la Iglesia. Altos mandatarios eclesiásticos visitaban los burdeles y mantenían  varias  amantes,  aceptaban  sobornos y comerciaban con las bulas papales que perdonaban los pecados más atroces. Así era la vida en el Renacimiento. Así era el mundo de Alejandro VI, el Papa Borgia, y de sus hijos César, Juan, Lucrecia y Jofre. Ésta es su historia, el retrato fascinante de una familia cuya ambición y sed de poder la llevarían a la cima del mundo, y la crónica del alto precio que pagaron por ello.
Resultado de una labor de más de diez años y de la maestría literaria de Mario Puzo, Los Borgia evoca de modo incomparable las grandes pasiones que mueven la historia. Un libro fundamental, el legado literario de Mario Puzo, uno de los más grandes escritores del siglo xx.

EL AUTOR
Mario Puzo nació el 15 de octubre de 1920 en el West Side de Manhattan (Nueva York). Realizó el servicio militar durante la segunda guerra mundial y, más tarde, fue a la Universidad de Columbia. Antes de la publicación de El padrino (1990) escribió varias novelas, pero fue ésta la que le supuso el reconocimiento mundial. En 1991 publicó La cuarta K, seguida de El último Don (1996) y Omerta (2000).
Ha escrito, además, varios guiones cinematográficos, entre ellos los de la trilogía de El padrino, por los que fue galardonado con dos Oscar.
Puzo murió el 2 de julio de 1999 en su casa de Long Island, y pasó los últimos años de su vida trabajando en esta novela, que empezó a gestarse en 1983, tras una visita del autor al Vaticano.
La escritora Carol Gino, asistente personal y compañera de Puzo durante muchos años, trabajó muy estrechamente con el autor en la preparación de esta novela, junto con el galardonado historiador Bertram Fields. Carol Gino recuerda que Puzo calificó esta novela como «otra historia familiar», tal como solía describir su obra El padrino. Gino, con la colaboración de Fields, se encargó de revisar y completar los capítulos que quedaron inacabados a la muerte del autor.

Fuente bibliográfica: Novela histórica Los Borgias, de Mario Puzo, de Editorial Planeta

martes, 10 de julio de 2018



Grandes virtuosos de la música

FRANZ SCHUBERT
La breve vida de un gran compositor

Al abordar  cualquier  aspecto de la vida y la obra de Franz Schubert conviene tener en mente la advertencia hecha por George Grove, musicólogo y escritor inglés, en la primera edición de su célebre Diccionario de música: “No hay evocación de Schubert que sea satisfactoria por la razón de que es imposible establecer una relación entre su vida y su obra, o más bien, para decirlo con propiedad, porque no hay una vida que relacionar con la obra”. Ésta es, sin duda, una manera excesiva de apuntar a la contradicción que ha intrigado siempre a los biógrafos del músico, y que constituía un misterio ya para los miembros del círculo íntimo de amigos del que se rodeó en vida. Esa contradicción asumía varias formas y se expresaba en más de un nivel; desde los más elementales y simples, como su aspecto físico y talante, hasta los más elaborados, verbigracia su música.
Cuando falleció Ludwig van Beethoven, Franz Schubert contaba treinta años. Sin embargo, no sobrevivió al eminente compositor vienés ni siquiera dos años, ya que una grave enfermedad se lo llevó por delante.
En esos últimos meses de su corta vida compuso algunas de las obras más significativas del conjunto de su catálogo: una gran sinfonía en do mayor (la novena), los últimos cuartetos para cuerda, un estremecedor quinteto para cuerda, varios liedery (breve composición vocal), una serie de sonatas para piano.
Schubert estuvo marcado por su destino, a pesar de que gracias a su enorme talento podría haber llevado una vida exitosa y libre de preocupaciones. Nació en las proximidades de Viena; el 31 de enero de 1797, era hijo de un maestro. Desde pequeño mostró unas aptitudes excepcionales. Recibió clases de canto, piano y órgano; estudió composición con diferentes maestros, entre ellos con el competidor de Mozart, Antonio Salieri, y muy pronto comenzó a escribir sus propias obras. Con dieciséis años ya veía una considerable obra. Sin embargo, se ganaba el sustento como profesor ayudante hasta que encontró el apoyo de un amigo. Tardó en ser conocido por el mundo musical vienés, porque prefería el ámbito privado para estrenar sus obras, y no fue hasta el 26 de marzo de 1828 cuando consintió en celebrar un concierto público. Todavía se tardarían décadas en descubrir la grandeza de sus obras.

OSCURIDAD Y POBREZA
Mucho se ha escrito acerca de la pobreza de Schubert y las dificultades materiales que lo acompañaron a lo largo de toda su vida. Es cierto que sus orígenes familiares no lo favorecían: un padre maestro de una humilde escuela en un suburbio y una madre cocinera sin ninguna otra formación o cualidades no eran precisamente la mejor de las garantías de éxito social. Pero también en este aspecto de su vida puede decirse que su contradictoria personalidad le jugó una mala pasada a Schubert. Dotado de un genio musical tan arrollador que por méritos propios logró hacerse admitir en la escuela de música más renombrada de la ciudad. Su personalidad y carácter afable, además, le ahorraron el penoso encierro en sí mismo, el ensimismamiento del que tanto había sufrido Beethoven, que para Schubert era, junto con Mozart pero en grado superlativo, el Dios de la música. Hasta tal punto, que cuando ya sufría en muchos frentes los embates de la enfermedad, pidió expresamente que sus restos fueran enterrados lo más cerca posible de la tumba de su ídolo en el cementerio de Wahring, en Viena.
Y sin embargo, Schubert fue por completo incapaz de hacerse valer como músico, puede decirse incluso que ni siquiera lo intentó en serio. Aparte de enviarle a Goethe algunos de sus lieder inspirados en poemas del maestro de Weimar, y de su empecinamiento en que las óperas que componía eran lo más valioso de su producción, no es una exageración afirmar que Schubert apenas movió un dedo por lograr que su música se difundiera en los círculos musicales de su ciudad natal, condición indispensable para aspirar a una vida material un poco más holgada. Se puede decir que tampoco tuviese algo de suerte.

EL GENIO SINFÓNICO
Al margen de su personalidad, que lo llevaba a cultivar con mimo sus amistades y dedicarles mucho tiempo, Schubert estaba dotado de una prodigiosa capacidad de trabajo y de la no menos prodigiosa facultad de concentrarse a fondo exclusivamente en su oficio de compositor. Es lógico pensar que hubiese podido llegar a dominar todos los géneros y tipos de escritura, a la vista de la calidad y diversidad de su producción. Pero hay un género de música, el sinfónico, para él porque sus aptitudes parecen casi innatas y a la vez perfectas. De hecho, lo que más llama la atención de su música de cámara, incluso de sus sonatas pianísticas, es la concepción sinfónica de las partes que las componen.  Da la sensación, oyéndolas, que es posible transcribirlas para conjunto sinfónico sin grandes dificultades y también sin que pierdan su esencia. De hecho, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando su música fue finalmente descubierta y admirada en Austria y Alemania, gracias sobre todo a los esfuerzos nada menos que de Schumann, Mendelssohn y Brahms, se acostumbraba tocar en conciertos algunas de sus obras más emblemáticas transcritas de esta manera.
En 1821 le diagnosticaron una sífilis; en aquella época esto significaba que estaba condenado. Schubert así lo comprendió, y más que nunca se dedicó de lleno a la composición. Sus obras, a partir de esta fecha, tienen a veces un tinte melancólico, a ratos incluso sombrío. En octubre de 1828 parecía que mejoraba su estado, así que aceptó emprender con sus amigos un viaje a pie para visitar Eisenstadt y la tumba de Haydn. El esfuerzo quebrantó su salud: un mes después, el 19 de noviembre, fallecía. Para no difundir la causa de su muerte, se dijo oficialmente que había sucumbido a una fiebre tifoidea.
Las composiciones de Schubert son: Obras escénicas, óperas, operetas alemanas y música para espectáculos teatrales. Música de iglesia. Obras corales y vocales. Obras orquestales. Música de cámara. Obras para piano.
Entre sus grandes composiciones se destacan: Sinfonía Nº 8 en Si menor "Inacabada". Sinfonía Nº 5 en Si bemol mayor. Quinteto para piano y cuerda en La mayor “La trucha”. Cuarteto para cuerda en Re menor. “La muerte y la doncella”.
Fuentes bibliográficas:
Historia de la música clásica. Gran selección de Deutsche Grammophon.
Grandes Compositores Editorial Sol 90, Barcelona,España.  
Grandes Compositores Salvat Editores, Arturo Reverter, Pamplona, España.
y ABC de la música clásica de Eckhardt van den Hoogen (258)     
Fotografía: Cortesía de Compositores Famosos




sábado, 7 de julio de 2018



Personajes de Venezuela
JUAN GERMAN ROSCIO
Estratega de la libertad

Político, abogado, nació en San José de Tiznados, Guárico, 1763. Fue el ideólogo del movimiento independentista de Venezuela  y uno de los principales promotores del movimiento del 19 de abril de 1810; intervino como «diputado del pueblo» en el Cabildo celebrado ese día, que no reconoció la autoridad del gobernador y capitán general de Venezuela, Vicente de Emparan. Asistió como diputado por Calabozo al Congreso Constituyente en 1811 y fue el principal redactor del Acta de Independencia y de la Constitución de Venezuela.
Hecho prisionero por los realistas en 1812, junto a otros siete republicanos tildados de «monstruos», fue enviado a un presidio español en Ceuta, al norte de África. Roscio y otros prisioneros lograron fugarse en 1814 y llegaron a Gibraltar, donde el gobernador inglés los entregó a las autoridades españolas, lo cual suscitó un gran escándalo en Inglaterra, siendo liberados a continuación.
Roscio se trasladó a Filadelfia, donde publicó su obra más conocida: Triunfo de la libertad sobre el despotismo. Viajó a Angostura en 1818 para participar activamente en la reconstrucción de la República, incorporándose como diputado por Caracas al Congreso de Angostura. Simón Bolívar lo designó vocal del Consejo de Estado, desempeñando además los cargos de director general de Rentas, vicepresidente del Departamento de Venezuela y vicepresidente interino de la República de Colombia.

UN HEROE CIVIL
La Independencia no solamente contó con hombres de armas, también estuvieron presentes próceres civiles. Nuestro biografiado no fue héroe de campos de batalla, y su imagen con frecuencia se pierde entre personajes poco conocidos y de escasa consideración en nuestra historia; sin embargo, con la publicación de su obra más célebre ayudó a proporcionar una de las libertades más importantes para la Nación: la libertad política.  En ese libro, Triunfo de la libertad sobre el despotismo, logró refutar la oposición de la Iglesia y de España a la lucha independentista, para legitimar, justificar y consolidar por la vía de las leyes y de las Sagradas Escrituras, la separación de las colonias americanas del Imperio.
En aquel entonces, la vida para quienes no podían obtener un certificado de "pureza de sangre" era más difícil. La educación y su reconocimiento tenían sus límites.
A Roscio le prohibieron repetidamente el ingreso al Colegio de Abogados de Caracas, ya que las normas sociales se lo impedían por no poder comprobar la "pureza" de su sangre: aunque era hijo de un italiano, su madre y abuela provenían de La Victoria, lugar considerado como un "pueblo de indios". No le faltaban méritos: en la Universidad de Caracas había obtenido los títulos de doctor en Derecho Canónico (1794) y doctor en Derecho Civil (1800), luego de una carrera brillante como estudiante.
Además, también  había obtenido varios reconocimientos de la Academia de Derecho Público Español y de la propia Universidad de Caracas y mantuvo durante mucho tiempo una estrecha relación con el mundo universitario y con la intelectualidad de la época, lo que le permitió formarse una sólida cultura jurídica y política.
La controversia, que duró poco más de cinco años, permitió a Roscio argumentar y rebatir con inteligentes alegatos la decisión de las autoridades. Finalmente fue aceptado por el  Colegio, marcando así un precedente. Este largo episodio dejó en él profundas influencias: le despertó un significativo interés por los asuntos sociales  y  discriminatorios, que más adelante  se  presentará  en  toda su obra.

DEL PODER AL PRESIDIO
La vinculación de Roscio con organismos del poder político (al trabajar como asesor de la Capitanía General y de la Auditoría de Guerra) le confiere una posición estratégica durante los sucesos  del  19  de  Abril  de 1810. Conociendo de antemano el funcionamiento de la estructura gubernamental, Roscio y  otros patriotas, decididos a  tomar partido en  los  destinos  del territorio venezolano, irrumpen en el Cabildo de Caracas y se autoproclaman diputados del pueblo.  La conjura  pretende y logra la destitución de Vicente Emparan como capitán general de Venezuela.
Al crearse la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, que inicia el proceso independentista en Venezuela, Juan Germán  Roscio  ocupa  el cargo de secretario de Estado en Asuntos Exteriores.
Los tiempos que siguen a estas acciones son de extrema actividad: Roscio publica múltiples artículos de prensa, en los que expone y divulga sistemáticamente la doctrina republicana que se quiere implantar en Venezuela. Mantiene intensa correspondencia con amigos y allegados, en la que discute las alternativas políticas que se presentan en el coyuntural momento. Asume como diputado la representación de Calabozo, en el Congreso Constituyente de 1811; redacta el Acta de Independencia de Venezuela, junto con Francisco lsnardi; y colabora en gran medida en la redacción de la primera Constitución, sancionada en diciembre de 1811.
Esta primera etapa del proceso de independencia está caracterizada por su carácter pacífico y civil. En este sentido, no es de extrañar que los principales actores que en ella destacan sean hombres de letras y hombres de leyes, como Roscio, que tratan de resolver el difícil clima político-social con los principios de la ideología republicana.
Al momento de caer en 1812 la primera república, Roscio es apresado por Domingo  de  Monteverde  y recluido en las bóvedas de La Guaira por más de dos meses. Posteriormente es enviado a Cádiz (España), a cumplir condena por cargos de traición junto con otros siete compañeros, todos calificados de "monstruos". Luego es trasladado a Ceuta (en el norte de África), de donde se fuga en 1814. Se refugia en Gibraltar, pero el gobernador inglés lo captura y entrega  a España. Esta acción es tan cuestionada por los ingleses, que el príncipe regente de Inglaterra intercede ante Fernando VII por la libertad de los capturados.

UNA JUSTIFICACIÓN LEAL Y RELIGIOSA
Una vez libre, se traslada a Jamaica, y luego a Estados Unidos, con la intención de publicar un manuscrito que había ideado durante su presidio  en Ceuta: “Triunfo de la  libertad sobre el despotismo”. Las influencias ideológicas de Europa (el movimiento enciclopedista e ilustrado del siglo XVIII) y de la joven nación  norteamericana pueden apreciarse en toda  la  obra de Roscio, y especialmente en este trabajo.
En 1818, Juan Germán Roscio regresa a Venezuela. Se ubica en Angostura, donde colabora en la organización del Congreso de 1819, ayuda en la reconstitución de la República y en la creación de la Gran Colombia. Retoma su actividad política en la redacción del Correo del Orinoco y asume la vicepresidencia del  departamento de Venezuela. En 1821 es nombrado vice presidente de Colombia, pero muere poco después de ocupar el cargo.
A su muerte, en Cúcuta, Colombia, 1821,  Roscio deja un legado invalorable para la reciente nación: toda una fundamentación ideológica sobre el principio fundamental de la libertad.
Fuentes bibliográficas:
-Rostros y personajes de Venezuela, edición de la C. A. Editora El Nacional. -Ramón Díaz Sánchez, Diez rostros de Venezuela, Editorial Lisbona.
-Biografías y vida. La enciclopedia biográfica en línea.
Foto: Cortesía de Biografías y vida.

miércoles, 4 de julio de 2018


Los museos más importantes   del mundo

GALERÍA DE LA ACADEMIA DE VENECIA  

Este museo de estilo veneciano  alberga las obras maestras de Tiziano, Veronese y Tiépolo.

La Galería de la Academia contiene la mayor colección de arte veneciano de Venecia y es una de las pinacotecas más importantes del mundo. Su nombre en italiano es Gallerie dell’Accademia.
Los inicios de la Academia se remontan a 1817, año en que se decidió reunir bajo un mismo techo todas las obras de arte que se encontraban dispersas por Venecia. Desde su creación la colección ha ido aumentando con adquisiciones y donaciones privadas.

Vista interior de la Galería
La Galería de la Academia está alojada en tres importantes edificios religiosos: la Scuola Grande de Santa Maria della Carità, la iglesia del mismo nombre y el Monasterio de Canonici Lateranensi.
Muchas creen que Venecia, o al menos la parte que se encuentra en las 118 islas en donde los ríos Po y Piave fluyen al océano, es la ciudad más  hermosa  del mundo. Los visitantes que llegan a ella ansían vivir la experiencia escolástica de una ciudad que, en sí misma, es una obra de arte formada por palacios, puentes, plazas, canales e iglesias. Incluso parece absurdo que la ciudad tenga museos especiales, pues la propia Venecia es un museo; y sin embargo, los tiene, y dos de ellos merecen una mención especial: el Museo de Arqueología y la Galería de la Academia.

La cena en casa de Levy, de Veronesse
La riqueza que se acumuló en la ciudad, debido al comercio marítimo medieval, benefició las actividades culturales y la construcción de palacios seculares y eclesiásticos, iglesias y monumentos públicos. Las iglesias desbordan pinturas importantes y deben ser la primera parada para cualquiera que esté interesado en la pintura veneciana.
EL RENACIMIENTO GANA ACEPTACIÓN
Los poderosos deseos artísticos de la sociedad establecida por los venecianos, así como el abundante suministro de dinero para satisfacerlos, crearon una larga tradición y un estilo especial conocidos como Renacimiento Veneciano. Venecia tenía su propia escuela de pintura, que no puede vincularse con una institución en particular, pero que surgió a través de ideas comunes y gustos similares compartidos por los mecenas, artistas y talleres individuales. Lo que es más sorprendente es que perduró por varios siglos, casi quinientos años para ser más exactos, y que llegó a su fin con el declive de la antigua república del comercio y su anexión a la Austria de los Habsburo.
Conversación sagrada, de Giovanni Bellini
Venecia  fue  excepcional  porque    aceptó el Renacimiento hasta el siglo XIV, mucho después que las demás ciudades en el norte de Italia, en donde ya hacía tiempo había sido adoptado. Debido a sus lazos con Bizancio, Venecia continuó comprometida con la tradición artística bizantina, conocida como "maniera greca". El primer veneciano que disintió del estricto canon fue Paolo Veneziano, quien inició sus actividades entre 1320 y 1358, y que tuvo ciertas influencias de Giotto; sin embargo, en sus últimas obras retomó el pleno poder del maniera greca.
Después de Veneziano hubo un breve período gótico con Jacobello del Fiore y Gentile da Fabriano, antes que el Renacimiento ganara al fin la aceptación de Venecia. La pintura durante ese período estuvo dominada por los hermanos Bartolomeo y Antonio Vivarini, y por los Bellini: Jacopo y sus hijos Giovanni y Gentile. Jacopo Bellini es conocido por sus paisajes pequeños y sus experimentos con la perspectiva central; Giovanni fue el primero en Venecia en usar óleo; y Gentile retrató la vida de la ciudad en pinturas de proporciones monumentales, manteniendo la tradición veneciana hasta los tiempos del pintor italiano  Giovanni Antonio Canal, mejor conocido como Canaletto.

MUSEO EN EL GRAN CANAL
La tempestad de Giorgione
Las características más importantes del estilo veneciano incluyen los tonos y colores cálidos y finamente matizados, y el énfasis en el estado de ánimo y la iluminación que casi elimina los contornos; dichas características evocan la atmósfera cargada de humedad de la ciudad y la laguna que la rodea. Los grandes maestros del estilo veneciano fueron Tiziano, Tintoretto, Veronese, Tiépolo, padre e hijo, los pintores de paisajes, Belotto y Guardi, hasta que el término de la autonomía política también anunció el fin de la creación artística en la ciudad.
Muchos de los trabajos de la escuela veneciana pueden disfrutarse en la Galería de la Academia, uno de los museos más importantes de Italia, que se ubica en la ribera del Gran Canal, justo antes de unirse con el Canal de San Marcos. Ambas riberas están comunicadas por el Puente de la Academia.
Establecida en una antigua scuola, edificios en donde residían las hermandades cristianas venecianas y las comunidades eclesiásticas, en la actualidad se conoce como Galería de la Academia, y su nombre anterior era Gran Escuela de Santa María de la Caridad. La colección es el resultado de la secularización de Napoleón, quien conquistó la ciudad en 1797 y  juró que sería el Atila de Venecia; se estima que en ese tiempo se diseminaron por el  mundo 25.000 obras de arte religioso.
San Marcos salvando un sarraceno, de Tintoretto
La Galería de la Academia posee en la actualidad cerca de ochocientas pinturas, principalmente venecianas, aunque también cuenta con Retrato de una joven, del artista flamenco Hans Memling. Entre lo más sobresaliente de la colección se encuentra Conversación sagrada, de Giovanni Bellini; San Jorge, de Mantegna; La tempestad, de Giorgione; el gigantesco Cena en casa de Levi, de Veronese; y El milagro de San Marcos salvando a un sarraceno de un naufragio, de Tintoretto.




Fuentes bibliográficas:
-Enciclopedia Visual y Civitatis Venecia.
Obras de arte:
-Cortesía de Wikipedia, GetYourGide, Pinteres, y la website el arte en
   la mirada y https://twitter.com/H_CulturaII_DG

martes, 13 de marzo de 2018


Grandes virtuosos de la música

PIOTR ILICH CHAIKOVSKI
El primer compositor  ruso que conquistó Europa


Piotr Ilich Chaikovski  fue el segundo  hijo  del matrimonio  formado por el ingeniero de minas Ilia Petrovich Chaikovski y Alexandra Alexeievna, de soltera Assier, descendiente de franceses emigrados a Rusia. El que sería uno de los principales referentes musicales de la escena rusa nació el 7 de mayo de 1840 en Kamsko-Votkinsk, ciudad cercana a los Urales. Su padre era supervisor de una fábrica en este núcleo industrial de la provincia de Viatka, en la región de Udmurtia, próxima a la cordillera que separa Europa  de Asia.
Chaikovski manifestó un temprano interés por la música: a los cuatro años compuso su primera obra musical, una canción dedicada a su hermana Alexandra, más conocida como Sasha. Pronto empezó a recibir clases privadas de piano y descubrió a Chopin. También  en su  niñez se manifestó un rasgo de su personalidad que acabaría por acentuarse con los años: su hipersensibilidad y nerviosismo.  En  1850 ingresó en la Escuela de Derecho de San Petersburgo, una institución educativa para adolescentes en la cual se gradúa  a los 19 años. En 1854, seis años después de que su familia se instalara en esta ciudad, falleció su madre,  víctima  del cólera,  lo que le produjo  un vacío emotivo  que le acompañó casi toda su vida. A pesar de la clara vocación musical de Chaikovski, su familia quiso que recibiese una formación que le permitiera hacer carrera en la Administración. Sólo en 1855, su padre, viendo que la pasión por la música del  joven no mermaba,  le autorizó   a recibir clases  privadas de piano con Rudolf Kundinger.
En 1857, su encuentro con el profesor de canto Luigi Piccioli le permitió descubrir la tradición musical italiana, por la que sintió especial predilección.  Cuatro años después viajó  por  primera  vez al extranjero -a Alemania, Francia e Inglaterra, en concreto-, y a su regreso comenzó a estudiar en el recién creado Conservatorio de San Petersburgo, en donde recibió formación durante tres años. Abandonó la carrera administrativa en 1863, renunciando al puesto que desde 1859 había ocupado en el Ministerio de Justicia. Su destino estaba sellado: se dedicaría por entero a la música. A comienzos del año 1866 fijó su residencia en Moscú, donde un año antes había ingresado como profesor de teoría de la música en la Sociedad de Música -embrión del futuro Conservatorio  de Moscú- gracias  a la recomendación de Nikolai Rubinstein. Chaikovski nunca se sintió a gusto en la capital rusa, pero fue allí donde empezó a elaborar su obra. En los siguientes cinco años compuso sus primeras óperas (Undina, El voivoda y Oprichnik), la fantasía-obertura Romeo y julieta y su Sinfonía n.0 1 en Sol menor. El estreno de estas obras, apadrinado por Rubinstein, fue unánimemente celebrado en la mayor parte de los casos, y también por los integrantes del Grupo de los Cinco, que más adelante rechazarían el cosmopolitismo de Chaikovski. Como excepción cabe citar las óperas Oprichnik y El herrero Vakula, que no convencieron. En cambio, creaciones instrumentales como la fantasía-obertura Romeo y  Julieta y el  Concierto para piano Nº 1 en Si Bemol menor sirvieron para constatar el virtuosismo de Chaikovski no sólo en Rusia, sino también a escala internacional. Romeo y Julieta se convirtió en la primera de sus composiciones  que figuró en los programas de las orquestas europeas, mientras que el Concierto para piano Nº 1 se estrenó en Boston en octubre de 1875, con Hans von Bülow al piano El músico de Kamsko-Votkinsk dio a conocer en: marzo de 1877 el primero de los tres ballets que compuso  y que le  han  valido  fama  universal: El lago de los cisnes. Sin  embargo,  esta obra inició su andadura  en la escena musical rusa con mal pie debido a una escenografía y coreografía deficientes. Ese año aparece en la biografía del compositor como un momento de inflexión y crisis que afectó tanto a su labor musical como a  su evolución personal e íntima. Aunque en Rusia la homosexualidad, proscrita desde el punto de vista oficial, era socialmente tolerada entre las clases pudientes, Chaikovski se sentía cada vez más incomprendido y aislado. En junio de ese año contrajo matrimonio con Antonina Miliukova, una joven estudiante de música a quien abandonó a los pocos días. Ante este fracaso, el músico protagonizó un intento de suicidio, y poco después se marchó  de Rusia.
Uno año antes de esta experiencia, Chaikovski había iniciado una singular relación con una acaudalada viuda, la condesa Nadezhda von Meck. Esta noble era una ferviente admiradora del compositor y se ofreció para financiar sus gastos, de manera que el compositor pudiera dedicarse por entero a su arte. Durante 14 años, el músico y su mecenas mantuvieron una relación exclusivamente epistolar, basada en el mutuo acuerdo de que evitarían cualquier forma de contacto personal. Gracias a la generosidad de la condesa Von Meck, Chaikovski pudo renunciar a su puesto en el Conservatorio en 1878 y, desde ese año, alternó largas estancias invernales en el extranjero -preferentemente en Italia, país en el que se sentía a gusto- con visitas a Rusia durante el verano, bien para estrenar sus obras o para visitar a su familia. También se inició entonces uno de los períodos más fecundos de su trayectoria musical, ya  que  entre 1878 y 1880 compuso algunas de sus piezas más aclamadas, como la Sinfonía  Nº 4  en Fa menor, el Concierto para violín en Re mayor y la ópera  Eugenio  Oneguin. En la siguiente década alcanzó la cima de su  maestría con las óperas Mazeppa (1883) y Cherevichki (1887), además de las sinfonías Manfted (1885) y la Nº 5 en Mi menor  (1888),  y la  Obertura 1812 (1880).
La etapa de viajes de Chaikovski concluyó en 1885, cuando el compositor adquirió una casa en Maidanovo, cerca de Moscú. Tranquilo y sosegado, había hallado su ritmo de vida ideal, que consistía en alternar la composición con largos paseos por el bosque, y dedicar las veladas a tocar  el piano en  compañía  de amigos.  En 1887 por fin superó su miedo escénico y, por primera vez, subió a un atril para dirigir una de sus creaciones: la ópera Cherevichki. Durante los dos siguientes años aceptó viajar a diferentes países europeos en giras de presentación de sus obras que le llevaron a plazas como Leipzig, Berlín, Frankfurt, Praga, Hamburgo, Ginebra, París y Londres. Entre octubre de 1888 y el invierno de 1890 compuso su segundo gran ballet, La bella durmiente, y su tercera ópera, basada en una obra de Pushkin, La dama de picas. Aceptó participar al año siguiente en la inauguración del Carnegie Hall de Nueva York y dirigió personalmente la representación de sus obras más emblemáticas ante un público entusiasta en la ciudad de los rascacielos, así como en Baltimore y Filadelfia. También ese año, la condesa Von Meck, agobiada por las deudas, le retiró su ayuda financiera y dejó de intercambiar correspondencia con él, lo que desestabilizó emocionalmente al músico.
A su regreso a Rusia compuso la ópera Lolanta (1892) y su tercer ballet, El cascanueces (1892), al tiempo que emprendió la creación de su última sinfonía,  la  Nº 6  en Si menor, conocida como  "Patética" y dedicada a su sobrino, Vladimir Davydov. A pesar de la frialdad con la que fue acogida esta última pieza después de su estreno en San Petersburgo  en 1893, el compositor estaba convencido de que había creado su obra maestra. El 21 de octubre enfermó gravemente, tal vez tras haber contraído el cólera, epidemia que en ese momento asolaba la ciudad de los zares. Poco después –el 6 de noviembre de 1893, fallecería en San Petersburgo-, en  medio  de rumores extravagantes sobre las causas de su muerte, entre los que destacaba el suicidio.  Su funeral fue oficiado en la Catedral de Kazan de San Petersburgo y sus restos fueron inhumados en el cementerio Tikhvin del monasterio Alexandr Nevski de la misma  ciudad.

Fuente bibliográfica:
Historia de la música clásica. Gran selección de Deutsche Grammophon.
Grandes compositores Editorial Sol 90, Barcelona España.
Grandes Compositores Salvat Editores, Carlos Ruiz Silva, Pamplona España.
Grandes maestros de la música, recopilación de Domingo E. y Maritza Pumar.
Firmamento musical. Vida de los grandes compositores, Espasa-Calpe, España.
y ABC de la música clásica de Eckhardt van den Hoogen (67)    
Fotografía: Cortesía del Portal http://comomurio.info.


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