miércoles, 7 de marzo de 2018


Personajes de Venezuela

JUAN ANTONIO PEREZ BONALDE:
el viajero inquieto


El exilio fue su destino.  En una ciudad,  además, como Nueva Yórk donde el desasosiego hacía más aguda esa rendición, pero ciudad que,  al  fin  y  al cabo y a  pesar de sus vicisitudes, le permitió  escribir  y  trabajar  y contar con amigos  de tanta  resonancia  como José Martí.
Este es un capítulo definitivo en la biografía del autor de “La vuelta a la patria”. Poeta en Nueva York, ese es venezolano Juan Antonio  Pérez  Bonald. Tiene  24  años  de  edad cuando en  1870 opta  por  la  distancia,  cuando  comprende que la  vida  en  su tierra  puede  asfixiarlo  por  la  mediocridad, las guerras y la intolerancia. Entonces inicia su larga residencia en el norte. Para entonces, eran innumerables los hispanoamericanos refugiados en Nueva York. El venezolano fue figura relevante de esa escena.
El poeta nació el 30 de enero de 1846, en vísperas del arribo a la Presidencia de José Tadeo Monagas, tiempo de generales que  se turnan  en el poder,  y  de  las turbulencias desatadas por  Antonio  Leocadio  Guzmán, como apóstol  de las ideas  liberales.  Muy joven, Pérez Bonalde viajó a Alemania, pasa allá 5 años, aprende 8 idiomas, cuando regresa a su tierra ya es el políglota afortunado que con los días se hará célebre con sus traducciones del norteamericano Edgar Alan Poe y del alemán Heine.
Durante su tiempo de Nueva York, en 1880, Juan Antonio escribió su “Poema del Niágara”, prologado después por José Martí. "El tema básico del poema es el enfrentamiento del hombre con la naturaleza y Dios; las cataratas son un pretexto, son el camino, muy acorde, para este encuentro que es una batalla entre hombre y naturaleza", tal como escribe con precisión Antonio Padrón Toro. En una excelente biografía de este personaje, como una contribución poco común al conocimiento  de una de las figuras fundamentales de la poesía venezolana.

                                                                                                                     Fuente  biblioográfica:

                                    Simón  Alberto Consalvi – Biblioteca Bibliográfica Venezolana

martes, 6 de marzo de 2018


Los museos más importantes del mundo

GALERÍA NACIONAL DE ESCOCIA


La Galería Nacional de Escocia (National Gallery of Scotland) alberga una de las exposiciones de arte más importantes de Europa, y la mejor colección del país de pintura y escultura.
Los orígenes del museo se remontan a principios del siglo XIX, cuando se fundó en Escocia la Real Institución para la Difusión de las Bellas Artes, que desde entonces comenzó a recopilar obras de arte procedentes de toda Europa y que se estableció en el lugar que hoy ocupan las galerías nacionales escocesas.
En la exposición de la Galería Nacional de Escocia podemos contemplar cuadros de Monet, Tiziano o Van Gogh, así como numerosas obras de artistas escoceses.
La colección comprende varias etapas de la historia del arte, desde el Renacimiento, con obras del gran maestro renacentista, Rafael, hasta el postimpresionismo.
Con el paso de los años, un grupo de artistas se asoció y dio lugar a la Real
Academia Escocesa, que se desvinculó de la Real Institución y comenzó a solicitar un espacio propio donde exponer su colección. Fue entonces cuando se planteó el proyecto de construcción de un nuevo edificio, cuyas obras comenzaron en 1850, cuando el Príncipe Alberto, consorte de la Reina Victoria, colocó la primera piedra.
Aunque en un principio este nuevo espacio estuvo dividido en dos alas (una para la colección de la Real Institución y otra para la de la Real Academia), ambas terminaron por integrarse definitivamente como Galería Nacional de Escocia.
En la exposición de la Galería se puede contemplar cuadros de Monet, Tiziano o Van Gogh, así como numerosas obras de artistas escoceses.
La colección comprende varias etapas de la historia del arte, desde el Renacimiento, con obras del gran maestro renacentista, Rafael, hasta el postimpresionismo.
Allí podemos observar pinturas de La Sagrada Familia bajo una palmera de Rafael Sanzio; Vieja friendo huevos, una de las primeras obras de Velázquez; Virgen con el Niño de Boticelli; Las Tres Gracias de Antonio Canova.
Igualmente están las 28 obras que componen parte de la Colección de Bridgewater, prestada al museo por los duques de Sutherland tras la destrucción de su mansión durante la II Guerra Mundial y una de las colecciones privadas más importantes a nivel mundial. Incluye dos obras encargadas por Felipe II a Tiziano, Diana y Acteón y Diana y Calisto.
Además, las galerías albergan una magnífica colección de dibujos y grabados: más de 30.000 obras en papel que abarcan desde el Renacimiento hasta el siglo XIX.


Fuentes bibliograficas: Enciclopedia Visual y Guía Nómada de Edimburgo y obras de arte: Los grandes museos de Europa y Guía Nómada de Edimburgo

lunes, 5 de marzo de 2018



PENSAMIENTOS DE LA SEMANA
La personalidad del hombre determina por anticipado la medida de su posible fortuna. Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.
BOLIVAR MÁS VIGENTE QUE NUNCA
“Es preferible la muerte a la expatriación”. (27-6-1817)

domingo, 4 de marzo de 2018


Protagonistas de la historia

MIGUEL DE UNAMUNO Y JUGO

El gran rector de la Universidad de Salamanca


El gran rector, no ha sido un simple caso literario, ni una de esas biografías –desde la raya a la cruz- se presentan como un limpio expediente académico o una menos limpia y prevista hoja de servicios. Tuvo dimensión de escándalo y la cara y la cruz de su moneda estaban acuñadas por beatería incondicional o rasgamiento escandalizado de vestiduras. Afortunadamente a veces la moneda caía de canto; eso intentábamos cuando queríamos verle desde su tiempo, sin quitar ni añadir nada: sin enfatizar ni trivializar, así se refiere uno de sus biógrafos, el periodista español Emilio Salcedo.
Don Miguel de Unamuno, nació en Bilbao, España, el 29 de septiembre de 1864. Escritor, poeta y filósofo español, principal exponente de la llamada Generación del 98
Entre 1880 y 1884 estudió filosofía y letras en la universidad de Madrid, época durante la cual leyó a T. Carlyle, Herber Spencer, Friedrich Hegel y Karl Marx. Se doctoró con la tesis “Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca”, y poco después accedió a la cátedra de lengua y literatura griega en la universidad de Salamanca, en la que desde 1901 fue rector y catedrático de historia de la lengua castellana.
Inicialmente sus preocupaciones intelectuales se centraron en las cuestiones éticas y los móviles de su fe. Desde el principio trató de articular su pensamiento sobre la base de la dialéctica hegeliana y más tarde acabó buscando en las dispares intuiciones filosóficas de Spencer, Sören Kierkegaard, W. James y H. Bergson, entre otros, vías de salida a su crisis religiosa.
Sin embargo, las contradicciones personales y las paradojas que afloraban en su pensamiento actuaron impidiendo el desarrollo de un sistema coherente, de modo que hubo de recurrir a la literatura, en tanto que expresión de la intimidad, para resolver algunos aspectos de la realidad de su yo. Esa angustia personal y su idea básica de entender al hombre como “ente de carne y hueso”, y la vida como un fin en sí mismo se proyectaron en obras como En torno al casticismo (1895), Mi religión y otros ensayos (1910), Soliloquios y conversaciones (1911) o Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913).
El primero de los libros fue en realidad un conjunto de cinco ensayos en torno al “alma castellana”, en los que opuso al tradicionalismo la "búsqueda de la tradición eterna del presente", y defendió el concepto de "intrahistoria" latente en el seno del pueblo frente al concepto oficial de historia. Según propuso entonces, la solución de muchos de los males que aquejaban a España era su "europeización".
Sin embargo, estas obras no parecían abarcar, desde su punto de vista, aspectos íntimos que formaban parte de la realidad vivencial. De aquí que literaturizase su pensamiento primero a través de un importante ensayo sobre dos personajes clave de la literatura universal en la Vida de don Quijote y Sancho (1905), obra en la que, por otra parte y en flagrante contradicción con la tesis europeísta defendida en libros anteriores, proponía “españolizar Europa”. Al mismo tiempo, apuntó que  la  relación  entre  ambos  personajes  cervantinos  simbolizaba  la tensión existente entre ficción y realidad, locura y razón, que constituye la unidad de la vida y la común aspiración a la inmortalidad.
El siguiente paso fue la literaturización de su experiencia personal a fin de dilucidar la oposición entre la afirmación individual y la necesidad de una ética social. El dilema planteado entre lo individual y lo colectivo, entre lo mutable y lo inmutable, el espíritu y el intelecto, fue interpretado por él como punto de partida de una regeneración moral y cívica de la sociedad española. Él mismo se tomó como referencia de sus obsesiones del hombre como individuo. “Hablo de mí porque es el hombre que tengo más cerca.”
Su narrativa progresó desde sus novelas primerizas “Paz en la guerra” (1897), y “Amor y pedagogía” (1902) hasta la madura “La tía Tula” (1921). Pero entre ellas escribió “Niebla” (1914), “Abel Sánchez” (1917), y sobre todo “Tres novelas ejemplares y un prólogo” (1920), libro que ha sido considerado por algunos críticos como autobiográfico, si bien no tiene que ver con hechos de su vida, sino con su biografía espiritual y su  visión esencial de la realidad: con la afirmación de su identidad individual y la búsqueda de los elementos vinculantes  que fundamentan las relaciones humanas.
En ese sentido, sus personajes son problemáticos y víctimas del conflicto surgido de las fuertes tensiones entre sus pasiones, y los hábitos y costumbres sociales que regulan sus comportamientos y marcan las distancias entre la libertad y el destino, la imaginación y la conciencia.
Su producción poética comprende títulos como “Poesía” (1907), “Rosario de sonetos líricos” (1912), “El Cristo de Velázquez” (1920), “Rimas de  dentro” (1923) y “Romancero del destierro” (1927), éste último fruto de su experiencia en la isla de Fuerteventura, adonde lo deportaron por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera. También cultivó el teatro: “Fedra” (1924), “Sombras de sueño” (1931), “El otro” (1932) y “Medea” (1933).
Sus poemas y sus obras teatrales abordaron los mismos temas de su narrativa: los dramas íntimos, amorosos, religiosos y políticos a través de personajes conflictivos y sensibles ante las formas evidentes de la realidad. Su obra y su vida estuvieron estrechamente relacionadas, de ahí las contradicciones y paradojas de quien Antonio Machado calificó de "donquijotesco".
Considerado como el escritor más culto de su generación, fue sobre todo un intelectual inconformista que hizo de la polémica una forma de búsqueda. Jubilado desde 1934, sus manifiestas antipatías por la República española llevaron dos años más tarde al gobierno rebelde de Burgos a nombrarlo nuevamente rector de la universidad  de Salamanca, pero fue destituido a raíz de su pública ruptura con el fundador de la Legión. En 1962 se publicaron sus Obras completas y en 1994 se dio a conocer la novela inédita Nuevo mundo.
Los últimos días de vida (de octubre a diciembre de 1936) los pasó bajo arresto domiciliario en su casa, en un estado, de resignada desolación, desesperación y soledad.
 Murió repentinamente, en su domicilio salmantino, la tarde del 31 de diciembre de 1936.​ A pesar de su virtual reclusión, en su funeral fue exaltado como un héroe falangista.​ A su muerte, Antonio Machado escribió: “Señalemos hoy que Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en la guerra. ¿Contra quién? Quizá contra sí mismo; acaso también, aunque muchos no lo crean, contra los hombres que han vendido a España y traicionado a su pueblo. ¿Contra el pueblo mismo? No lo he creído nunca y no lo creeré jamás”

Bibliografía:
Miguel de Unamuno, biografía de Emilio Salcedo, en Protagonistas de la Historia.

    Retrato: Cortesía de: Juan de Echeverría, Fasciculo Protagonista de la Historia.

sábado, 3 de marzo de 2018


Pintores y escultores universales

GIOTTO DI BONDONE
El niño que transformó la pintura


Giotto di Bondone nace en Colle de Vespignano (Vicchio) en 1267 aunque para algunos críticos como Carlo Ludovico Ragghianti esta fecha se podría adelantar hasta una década. Reconocido artista de la época, desarrolló varios ámbitos artísticos, destacando la poesía, escultura, arquitectura y sobre todo la pintura, considerándose este autor del Trecento uno de los iniciadores del movimiento renacentista en Italia. Su obra tuvo una influencia determinante en los movimientos pictóricos posteriores.
Se Cuenta: que, en cierta ocasión, un pintor que andaba por una escarpada vereda, en Italia, pasó junto a un pastorcito. El niño estaba dibujando  en  una  piedra  con un tizón. Atónito, el artista no podía dar fe a  lo que sus ojos veían: la representación más fiel que hubiera contemplado jamás de una oveja.
-Dime, ¿quién eres? -le preguntó al muchacho.
-Me llamo Giotto. Mi padre es campesino y yo le cuido las ovejas. Vivimos allá arriba.
La vida de Cristo en la tribuna de Sal Pedro
El zagal y el pintor se encaminaron a casa del labriego. El artista habló largamente con el padre del niño y logró convencerlo de que su hijo tenía extraordinaria disposición para el dibujo, y de que merecía se le diera instrucción. Por fin el padre aceptó que el  visitante, que era nada menos que Cimabue, el más insigne pintor de Italia en esa época, se llevase a Giotto en calidad de aprendiz. La destreza de aquel  mozo  para  representar  la  vida con tan asombrosa  fidelidad  iba  a cambiar  el rumbo de la pintura. Giotto fue quien, a fines del siglo XIII y principios del XIV, inició una nueva tendencia del arte pictórico al llevarlo a superar la austeridad y la falta de relieve, características del estilo bizantino, en pro del dominio de la perspectiva en la representación de la naturaleza.
Giotto pintaba lo que veía. Los árboles que representaba parecían árboles. Las personas tenían aspecto de seres humanos. Por la expresión de sus rostros se podía adivinar el carácter de cada cual, así como las emociones que animaban a sus modelos: temor,  tristeza,  alegría,  amor. En cuanto la pintura de Giotto empezó a ser conocida, no tardaron en surgir imitadores.
Retablo de la virgen los los angeles
Los más grandes pintores del Renacimiento -Rafael, Leonardo, Miguel Ángel- reconocen la deuda contraída por el arte con aquel extraordinario innovador, que pintaba la realidad tal como la veía.
Giotto era muy piadoso, como la mayoría de sus contemporáneos. Durante aquellos años se había  apoderado de Europa un gran ideal de espiritualidad. Los bellos misterios de la fe cautivaban a millares de creyentes. San Francisco de Asís, muerto medio siglo antes de que naciera Giotto, había tenido parte muy principal en aquel fenómeno de espiritualización. Hijo de un rico mercader, San Francisco, decidió abandonar la vida humana, había regalado a los pobres todos los bienes que poseía, hasta los zapatos; a partir de entonces anduvo siempre descalzo y cubierto solo de un austero hábito.
San Francisco dedicó su vida a ayudar al prójimo, en particular a los más desventurados: los pobres, los proscritos, los leprosos. Quería demostrar con el ejemplo que Dios es amor. Su humildad, su sencillez suprema, lo convirtieron en el hombre más venerado de su época; fue canonizado sólo dos años después de su muerte.
En Asís se erigió un templo  dedicado  al  santo.  Una vez terminado, llamaron al joven Giotto para  que  ayudara a pintar la cara interior de los muros con  escenas  de la vida de San Francisco. Creó el artista veintiocho frescos en los que empleó una extensa gama de colores, y que constituyen una vastísima historia gráfica. Cuando el público pudo por fin contemplarlos,  quedó impresionado por el realismo de las pinturas.  Nunca se  había visto nada semejante. Hoy, seis siglos después, los turistas del mundo entero siguen acudiendo en tropel a aquel santuario para admirar la maravillosa obra de Giotto.
Otros frescos del gran  pintor  que  todavía  despiertan la admiración de los amantes de la pintura son los de la capilla de los Scrovegni, en  Padua.  Allí  pintó  una  serie de escenas de la vida de Cristo  y  de  la  Virgen,  de gran intensidad emotiva, que "por ser tan fieles a la naturaleza" hicieron enmudecer a Dante  la  primera  vez que las contempló.
La prodigiosa combinación de espiritualidad y destreza hicieron de Giotto el pintor más ilustre de su  época. Se vio colmado de alabanzas y homenajes  y  mimado  por la fama; reyes y duques lo invitaban a sus palacios y se disputaban sus servicios. Giotto no  se  dejó  arrastrar  por la vanidad. Pintó para los poderosos y aceptó que le pagaran (lo suficiente para mantener bien  a  su esposa y a  sus cinco hijos), pero jamás abandonó su modestia.
La resurreción de Lazaro
No solo alcanzó Giotto grandeza inigualable en la pintura, sino que se distinguió también como escultor, poeta, compositor y arquitecto. Entre los muchos honores que se le rindieron, quizá el más alto fue que Florencia, por intermedio de sus autoridades, le pidió que se trasladara allí para que "con su presencia sean muchos los que puedan disfrutar de las ventajas de su gran saber". Aceptó, y Florencia lo nombró arquitecto de la ciudad, dándole el encargo de hacer el proyecto del campanario de la catedral, hoy una de las torres más bellas del mundo.
Cuando murió, el 8 de enero de 1337, Florencia, Italia, pasado los sesenta años de edad, lo lloraron tanto la gente sencilla como los conocedores del arte. Posteriormente, el más grande de los Médicis, Lorenzo el Magnífico -protector de las artes en Florencia durante el siglo XV- hizo que en la tumba del pintor se esculpiese el siguiente epitafio “Soy aquel para cuya diestra todo fue posible; el que hizo resucitar la pintura muerta y consiguió cerrar el abismo que separaba el arte de la naturaleza. Soy Giotto”
Entre las principales obras de este afamado pintor se encuentra: La resurrección de Lazaro. Cinco escenas de la vida de Cristo en la tribuna de San Pedro. El papa Bonifacio VIII anunciando el jubileo del año 1300. Los frescos del Infierno y el Paraíso. Retablo de la Virgen con los Ángeles.

Fuentes bibliográficas:
-Biografía sobre Giotto, de Malcolm Vaughan, en los grandes pintores
y sus obras maestras, de Selecciones del Reader´s Digest
 - Breves biografías íntimas de grandes pintores, de Editorial Molino.
- Los Clásicos. Vida de los más excelentes pintores…, Editorial W.M. Jackson, Inc.
Obras de arte: Cortesía de Pinteres.es – Arte e historia.com – El mundo romano.

Fotografía: Cortesía de: Giotto-Bloger-

viernes, 2 de marzo de 2018


El libro de la semana

EL LIBRO DE DAVID JERUSALEM
Y OTROS POEMAS, de Marcos-Ricardo Barnatan

“Cada hombre tiene su canción
Y cada hombre tiene su sombra”.

Las páginas de este libro juegan peligrosamente con la realidad. La poesía es una forma de la ficción y la ficción es un eufemismo grato de la mentira. Por eso es necesario aclarar que el verdadero autor material de estos poemas es el propio Marcos-Ricardo Barnatán, aunque el poeta David Jerusalem ha sido el inspirador último del sentimiento que hay en estos versos.
David Jerusalem es un nombre arquetípico inventado por Borges, y al ingenio del mismo escritor se deben los títulos de los dos únicos poemas mencionados en su cuento. Todo lo demás es el deseo del autor de recrear a ese fantasma, símbolo y cifra de seis millones de hombres verdaderos que perdieron sus vidas y sus nombres en una absurda hoguera que ardió en Europa entre 1939 y 1945. “Doce poetas masacrados por Hitler y Stalin”, indica expresa y expresivamente el preámbulo de la obra.

SOBRE EL AUTOR
Marcos Ricardo Barnatán nació en Buenos Aires en 1946, en el seno de una familia sefardita de origen hispano-sirio. Realizó sus primeros estudios y cursó Filosofía y Letras en su ciudad natal. En 1965 fijó su residencia en Madrid, aunque realiza frecuentes viajes a Argentina, Francia e Israel. Colabora habitualmente, en calidad de crítico literario, en las principales revistas españolas e hispanoamericanas. Además de ensayista y novelista, es de destacar su obra poética con títulos como El oráculo invocado (1984), El techo del templo (1999) y Consulado general (2000). En sus versos las referencias a la cábala y a la cultura judía son una constante, un personal hallazgo donde se entrecruzan la tradición castellana y las literaturas europeas en sus tendencias más cosmopolitas.


jueves, 1 de marzo de 2018


Personajes de Venezuela

ESTEBAN GIL BORGES: el internacionalista
más brillante de todos los tiempos

"Esteban Gil Borges (1879-1942), puede ser considerado el primer canciller del siglo XX venezolano en más de un sentido". Con esta afirmación que no deja espacios a la duda, la internacionalista, doctora Elsa Cardozo abre las páginas de la primera biografía que se escribe sobre el gran ministro de Relaciones Exteriores de 1919-1921 y de 1936-1941. Cada una de las palabras que siguen está destinada a demostrar los fundamentos  y veracidad  del aserto. Gil  Borges  fue el primer  canciller  venezolano  porque  por  primera  vez ascendía  a esa posición un hombre que venía del ejercicio de la carrera, estudio y práctica  del Derecho  Internacional y entendió como pocos la relevancia de las relaciones entre los Estados.
En 1919 le tocó abogar por el ingreso de Venezuela a la Sociedad de las Naciones,  y en 1939, contra  su criterio, se vio precisado a oficializar nuestro retiro del organismo multilateral.  Desde  su primera  experiencia,  se esmeró en la profesionalización del servicio exterior. Condujo negociaciones en asuntos claves: el Tratado de Reciprocidad Comercial Venezuela-Estados Unidos, 1940, y el Tratado sobre Demarcación de Fronteras y Navegación de los Ríos Comunes de Venezuela y Colombia, 1941. Instruyó con claridad a nuestros delegados a Conferencias como las de Buenos Aires,  1936, Lima,  1938, Panamá,  1939, y La Habana, 1940.
Como intelectual de singular cultura humanística y jurídica, Esteban Gil Borges dejó un legado imperecedero en la doctrina de la cancillería venezolana. Con agudeza, reflexión y talento, Elsa Cardozo ha escrito una biografía que hará historia: es  el  retrato  inteligente  de  uno  de los protagonistas más relevantes de nuestra política exterior y de los paisajes humanos y políticos en que transcurrió su vida.
Fue el creador de los estudios internacionales y consulares en Venezuela, para los futuros diplomáticos del país.



                       Fuente Simón Alberto Consalvi – Biblioteca Bibliográfica Venezolana